Historia/Relatos Ficticios

Battlestar Galáctica

Battlestar Galactica

Serie de peso. Ciencia-ficción de referencia.

Battlestar Galáctica, producción estadounidense ambientada en la ficción espacial, está basada en la serie del mismo nombre de finales de los años 70. Fue estrenada por el canal Sky1 en el Reino Unido, en octubre de 2004, y por Syfy en Estados Unidos, a principios de 2005.

Battlestar Galactica

Cartel de la serie de 1978, claramente inspirada en Star Wars, en el que aparece incluso una especie de Ewok.

Fue escrita y producida por Ronald D. Moore, también conocido por su anterior trabajo de guionista en Star Trek, partiendo de la premisa de la serie original de 1978 creada por Glen A. Larson. Aunque muy poco tiene que ver el desarrollo general de la ficción. Battlestar Galáctica, la original, fue creada siguiendo la exitosa estela que se había iniciado con el estreno del primer film de Star Wars. Pero su primer intento resultó mediocre, con una trama centrada en la lucha entre los humanos y los cylons, pero con poca cosa más.

La revisión que llevó a cabo Moore, bajo el título de Battlestar Galactica: Reimaginada, se centra inicialmente en la contienda entre humanos y cylons, pero a lo largo de sus cuatro temporadas se desenvuelve de manera diferente a la ficción original y, además, se aleja de los clásicos del género, creando una voz propia dentro de la ficción espacial, donde los referentes existentes tienen tanto peso.

Pero Battlestar Galactica no es sólo una serie, es más bien una franquicia, ya que podemos encontrar, además de las dos series centrales (1978 y 2004), numerosas webseries y spin-offs e incluso algún largometraje. De hecho, el episodio piloto es en realidad una miniserie de dos capítulos, de 90 minutos de duración cada uno. Esta miniserie sirve de introducción a la serie Reimaginada. Las webseries están enmarcadas dentro de la trama general, de modo que las tenemos que ubicar entremedio de las cuatro temporadas. A parte de la miniserie que se encarga de abrir la ficción, no es imprescindible seguir todos los apéndices de la franquicia para poder captar las tramas que se narran en la serie central.

De modo que en el artículo trataremos únicamente la miniserie de apertura y la serie Battlestar Galactica: Reimaginada –o Estrella de combate, como se la ha titulado en España y en parte de América Latina-. Fue emitida entre 2004 y 2009 y consta de un total de 76 episodios.

Entrando en el análisis de la trama, nos encontramos en una época en la que el hombre habita en una confederación de doce planetas, denominados las doce colonias. Son una sociedad tecnológicamente muy avanzada, hasta el punto de que han sido capaces de desarrollar de manera compleja la inteligencia artificial, de la que los cylons son el máximo exponente. Especialmente concebidos para uso militar, estos robots se rebelan contra sus creadores en la llamada Guerra Cylon. Los humanos salen vencedores de la contienda y no se vuelve a saber nada más de los robots.

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La nave Battlestar y el resto de la flota.

La serie nos sitúa cuarenta años después de estos hechos, cuando los cylons, muy sofisticados, con apariencia humana y que estaban desaparecidos desde el final de la guerra, atacan por sorpresa y de manera simultánea a las doce colonias humanas, aniquilando a billones de personas con sus ataques nucleares y arrasando casi por completo a toda la humanidad. Únicamente lograrán sobrevivir unas pocas decenas de miles de personas, en parte gracias a que en el momento del ataque se estaba llevando a cabo la ceremonia de retirada de servicio de la emblemática nave Galáctica. Esta nave de combate logra escapar y, junto a otras pocas que se encuentran de servicio en el momento del ataque, formarán el último de reducto de humanos supervivientes que estarán destinados a vagar por el universo huyendo de los cylons y buscando un nuevo planeta habitable.

La verdad es que esta premisa inicial resulta atractiva y crea en el espectador ganas de ver una ficción diferente y más aún después de disfrutar con la gran miniserie que sirve de apertura.

Los primeros capítulos de la serie empiezan tratando pequeñas historias y aventuras que presumiblemente no tienen demasiada trascendencia para la trama principal –como en el episodio diez en el que la flota necesita un mineral específico, el tilio, que es utilizado como combustible para las naves, y acaban consiguiéndolo de un satélite controlado por los cylons-. Pero a medida que avanza, esta primera temporada vemos que algunas de estos temas se unen para formar una trama principal sólida. De este modo, la primera entrega transcurre ente las batallas entre los humanos y los perseguidores cylons y viendo como el piloto Helo sobrevive en Caprica y en como los cylons con apariencia humana intentan infiltrarse en la flota.

La segunda temporada empieza similar a la primera en cuanto al buen ritmo narrativo e intensidad en los capítulos. Y con una nueva trama paralela: un grupo de humanos, liderados por Starbuck, descienden al planeta Kobol con el objetivo de encontrar el camino hacia un planeta llamado Tierra, siguiendo unas profecías que indican que la humanidad podrá florecer en este planeta habitable.

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Starbuck con la flecha de Apollo, un objeto que puede ser clave para encontrar el camino a la Tierra.

Esta creencia en las profecías, especialmente por parte de la presidenta Laura Rosling, será la base de un conflicto civil dentro de la flota, creencias a las que el comandante Adama y el ala militar se oponen, pero que son defendidas por el gobierno, elegido democráticamente por todos los supervivientes. También se descubrirá un reducto de resistencia en el planeta Caprica, que lleva tiempo combatiendo como una guerrilla a los cylons.

La tercera temporada inicia con los hechos que tienen lugar al final de la segunda –aquí no desvelamos nada, todos los spoilers están al final del artículo- y que dejaron a los espectadores boquiabiertos. En esta entrega irán apareciendo nuevas piezas del rompecabezas que debe indicar el camino hacia la Tierra, en el que algunos de los personajes principales tendrán una importancia capital. Los enfrentamientos con los robots continuarán siendo encarnizados y la supervivencia de la raza humana estará seriamente amenazada.

Así llegamos a la última de las cuatro temporadas de Battlestar Galactica, en la que la lucha entre los humanos y cylons evoluciona y pasa a ser de una mera persecución de unos contra otros a ser un juego psicológico en el que los dos bandos intentarán quebrar al rival desde dentro, infiltrándose y tejiendo alianzas inverosímiles. Es en este tramo final de la serie cuando los protagonistas deberán remar con más fuerza que nunca contra las adversidades y, sobre todo, mantener la esperanza y la fe en que el destino acabe deparándoles un final feliz. Todas las problemáticas acaban convergiendo en una única trama central que nos brindará un emocionante final de aventura para Adama, Rosling, Gaius y compañía. De hecho, el final de la ficción ha sido uno de los más celebrados en la historia de la televisión y uno de los que ha despertado más unanimidad.

Entrando a comentar cuáles son las virtudes y defectos de la serie, creemos que uno de sus puntos fuertes es su puesta en escena, muy sólida, que consigue crear una atmósfera muy creíble, basándose en una ambientación cuidada y original, desde el vestuario y los escenarios hasta las jerarquías y la organización que imperan en la flota. Este es uno de los aspectos que más solidez le dan a la serie. Cabe destacar que se han convertido en míticas expresiones propias de la ficción, como el ‘frak’, casi siempre en boca de Starbuck, o la solemnidad del archiconocido ‘So say we all’.

tricia helfer

Caprica 6, uno de los modelos cylon con apariencia humana, y dos centuriones.

Otra particularidad interesante es que, dentro de que estamos hablando de una producción de ciencia-ficción, resulta una historia bastante creíble porque la trama principal de la serie se centra en la lucha de los humanos contra unos robots muy desarrollados que han sido creados por el propio hombre. No estamos hablando de seres de otro planeta, extraterrestres de todo tipo de formas y colores venidos de otras galaxias o de monstruos alienígenas que quieren acabar con cualquier forma de vida que haya en el universo. Tampoco aparecen láseres, poderes místicos u otros elementos fantásticos. En realidad, lo que nos muestra esta ficción es un futuro potencialmente posible en el que la inteligencia artificial alcanza unas cotas evolutivas muy avanzadas y se vuelve contra sus creadores. De hecho, es un tema que ya ha sido tratado tanto en la literatura como en el cine, con ejemplos tan destacados como ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? De Philip K. Dick y su adaptación fílmica Blade Runner, el Yo, robot de Isaac Asimov, el Terminator de James Cameron o la más reciente trilogía Matrix de los hermanos Wachowski.

Por otro lado, uno de los aspectos que lastran un poco a la serie es su duración y no porque tenga un número inabordable de episodios –hablando de series largas de varias temporadas- ya que tiene un total de 76, por 86 de Los Soprano o los 121 de Lost. Pero el problema está es que muchos episodios carecen de relevancia para el argumento general. Introducir un episodio en mitad de una temporada para contar una trama paralela que se desarrolla y concluye en ese mismo capítulo es una técnica bastante utilizada entre los guionistas, especialmente en Estados Unidos. Pero en Battlestar Galactica ocurre demasiado a menudo, a excepción de la primera temporada, que consta tan sólo de 13 capítulos. Las temporadas restantes tienen 20 y varios de ellos aportan poco o nada a la trama principal e incluso a las tramas secundarias.

Como ejemplo, el episodio 15 de la segunda temporada, titulado Scar, en el que Starbuck se enfrentará cara a cara con uno de los mejores Raiders de los cylons. El capítulo en sí resulta interesante pero esta práctica de la que tanto abusa Moore acaba siendo un tanto pesada, ya que no hablamos de uno o dos episodios de este tipo, sino de varios en una misma temporada.

Y la sensación que acaba quedando es que todo lo realmente trascendente de la serie pasa en los primeros y en los últimos episodios de cada temporada. Este hecho es a la vez un lastre y una virtud, y la parte positiva de ello es que tanto los inicios como los finales de las cuatro entregas son muy atrayentes. Pero la verdad es que con 10 o 12 episodios por temporada hubiera bastado.

Volvemos a mencionar uno de los aspectos que da valor a la serie, que es la variedad de temas que aparecen reflejados. Desde el amor y la unión de la comunidad ante las adversidades hasta la traición y el abuso de poder por parte de los gobernantes. También las creencias del ser humano y los diferentes modos de ver la vida tienen su espacio en los argumentos de esta producción  Pero, quizá, los que cobran más importancia a medida que va avanzando la ficción son la fe y la esperanza.

battlestar galactica

Los pilotos de las naves ligeras de combate, los vipers.

Comentábamos anteriormente la genial puesta en escena que nos ofrece la ficción. Lo remarcamos: todos los decorados, especialmente los interiores de la nave Battlestar, el vestuario y toda la organización social y político-militar conforman un entorno soberbio. También debemos destacar los buenos efectos especiales, sobre todo en las batallas espaciales entre los Cylons y la flota comandada por Adama, con especial atención a raiders y vipers.

Desde Realidad o Serie hemos encontrado que uno de los puntos de los que más se abusa en esta puesta en escena es la banda sonora. No queremos decir que no sea buena, al contrario, pero pensamos que hay un uso excesivo de la música por parte de los creadores, que introducen tambores de guerra y recursos similares en demasiados momentos, lo que acaba edulcorando demasiado la ficción.

Una nota curiosa de la serie es que Richard Hatch es el único actor que ha repetido en las dos series de Battlestar Galactica. En la versión reciente, aparece como Tom Zarek, mientras que en la producción original interpreta, nada más ni nada menos, al Capitán Apollo.

En cuanto al reparto y a los personajes que pueblan la ficción, debemos destacar varios nombres. En primer lugar, como no podía ser de otra manera, Edward James Olmos –recordado por Miami Vice y que apareció recientemente en la sexta temporada de Dexter– y Mary McDonellDonnie Darko o Bailando con lobos– en los papeles del almirante William Adama y la presidenta Laura Rosling. Ambos ejercen de líderes políticos, militares y espirituales para la flota, y ambos están bien interpretados. Pero quizá haya un aspecto que no acabe de convencer, que los dos personajes parezcan tan perfectos, etéreos, siempre con esa media sonrisa en la cara –Rosling- y con esa expresión inalterable de ceño medio fruncido aún cuando reciben las peores noticias –Adama-. Si bien es cierto que esta sensación acaba por desaparecer en la cuarta temporada, hacia el final, ya que los vemos sufrir y percibimos por fin signos de que ambos personajes son humanos.

Quizá el contrapunto a tanta perfección sea Saul, interpretado por Michael Hogan, situado en el otro extremo, ya que hay momentos en los que parece que no sea capaz de hacer otra cosa que meter la pata y recibir las consecuentes reprimendas de Adama.

Otra de las parejas protagonistas es la formada por Kara Thrace y Lee Adama –hijo del almirante-, a los que ponen rostro los actores Katee Sackhoff y Jamie Bamber. Son la extraña pareja de la flota, con una relación de amor-odio que provoca constantes idas y venidas entre ellos. Apodados Starbuck y Apollo, son dos personajes carismáticos que acabarán siendo determinantes en la mayoría de conflictos a los que se enfrenten los humanos.

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Lee Adama (izq.) junto a su padre, el almirante William.

Pero seguramente el título de dúo más atractivo de la serie deba ser para Gaius Baltar y la cylon Número 6, James Callis y Tricia Helfer respectivamente. No queremos decir que los personajes comentados en párrafos anteriores no sean importantísimos, pero sin estos dos la serie no podría existir, ya que ellos son los que tienen más contacto con el bando rival, son los más ambiguos y los que presentan más contradicciones, con una constante lucha entre la pasión que sienten el uno por el otro y la no traición a los suyos. Gaius, un personaje daliniano cercano en muchas ocasiones a la locura, y la cylon, con sus múltiples caras, hacen que las escenas y los diálogos que mantienen entre ellos sean de lo más interesante de toda la ficción.

Otros personajes que cabe mencionar son Helo –no muy expresivo, siempre apretando mandíbulas- y Boomer, una de las mejores actuaciones de la serie llevada a cabo por Grace Park. También cumplen en su papel los actores que dan vida a Chief Tyrol y a Félix Gaeta. Por último, destacar el buen trabajo de Lucy Lawless –Xena y Spartacus–  como la cylon D’Anna.

El resultado de todo ello, y a modo de conclusión de este extenso artículo sobre Battlestar Galactica, es que nos hallamos ante una gran serie. Su mayor virtud es haberse convertido en una sólida ciencia ficción, quizás el género donde más cuesta encontrar producciones con consistencia. Tenemos una buena historia, con intrigas, ciertas dosis de acción y, sobre todo, guiones sólidos y tramas interesantes y bien desarrolladas. No se trata de una serie al uso, es original y diferente a casi todo lo que puede hallarse en televisión, y esto es lo que hace que Battlestar sea completamente recomendable.

Pero la pregunta que nos queda es: ¿es algo más que una serie de ciencia ficción, una serie que pueda ser considerada y analizada como cualquier gran serie y que pueda acabar seduciendo al gran público? ¿O sigue siendo una serie casi exclusivamente destinada a los amantes del género? El debate está servido.

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Imagen promocional de la cuarta temporada con el reparto principal.

Spoilers.

Aborda el tema místico, de las creencias, de la religión, de la fe: la fe mueve montañas. Eso le pasa a Starbuck en su búsqueda del camino a la tierra; eso le pasa a Adama precisamente al permitirle a Kara emprender esa búsqueda; eso le pasa a Baltar en sus nuevas predicaciones sobre la existencia de un nuevo y único Dios; eso le pasa a Número 6, que deposita esperanzas en Gaius y en su destino como guía de la humanidad; eso le pasa a la presidenta con el bebé híbrido, en que en la pequeña está la clave de la supervivencia de la humanidad…

Son capítulos tremendamente interesantes, porque vemos que la serie, casi por primera vez, sabe hablarnos de varias tramas a la vez: Starbuck y la búsqueda de la tierra y el motín a bordo, los nuevos cylons dentro del Galactica y el asesinato de Cally, Gaius y los amores y odios que despierta su figura, y, por otro lado, la guerra civil cylon.

Pero a la que vuelven a las naves, la historia se vuelve a estabilizar y pasa otra vez como en temporadas anteriores, dejan de pasar cosas relevantes y sobran algunos capítulos.

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Una de las grandes escenas de acción de la serie, en la que se lleva una arriesgada operación de rescate en Nueva Caprica.

Ocurre también en el inicio de la tercera, en la que todo va más rápido. Los humanos consiguen escapar de Nueva Caprica, las luchas contra los cylons, etc. Tiene buen ritmo en estos episodios, pero luego se acaba diluyendo de nuevo.

Lo más interesante de esta tercera entrega es Gaius infiltrado entre los cylon, mientras va descubriendo los entresijos del mundo de las máquinas. Es el único personaje que brinda escenas trascendentes a la trama principal durante estos episodios.

Por su parte, el capítulo 3×16 es un capítulo muy interesante. En él, Chief encabeza una revuelta de los trabajadores más desfavorecidos, pidiendo mejores condiciones de vida. La base de la huelga y Gaelan se basan en unos escritos de Gaius, comentando la injusticia social que se vive en la flota. Gaelan habla a la presidenta: “¿Y si estamos en la flota 10 años más antes de llegar a la Tierra? Esto no es vida para estos trabajadores”. Plantea un buen debate.

Pero Gaelan acaba siendo encarcelado y amenazado por Adama con matar a su mujer sino declara disuelta la huelga. De este modo, la huelga es desconvocada y Adama se erige como semi-dictador y el capítulo acaba descafeinado. La parte negativa es que ya no se habla más de ello en toda la serie, como hemos comentado en el cuerpo principal del artículo.

Por otro lado, es interesante ver que los propios cylons –n.6 y n.8- empiezan a dejar fluir sus sentimientos y se sienten cada vez más cerca de los humanos que de los robots, reflejado cuando Athena mata a su homónima cylon para salvar a Helo. También resulta interesante ver las dualidades que muestran ciertos personajes. Primero, Baltar, ya que no acabamos de saber de qué lado está realmente. También el cylon n.6, que envenena la mente del doctor pero que a la vez se traiciona a sí misma por los sentimientos que tiene hacia él. Y también el cylon n.8, en sus dos versiones, tanto como Athena que está enamorada de Helo, como Boomer en la nave Galáctica, que llegará a dudar incluso de si es o no una cylon –capítulo 11 de la primera temporada: “ella es un cylon y lo sabe en lo profundo, pero su parte consciente se resiste a creerlo”-.

Lo del coronel Saul Tigh no se entiende. Siempre borracho, liándola, equivocándose a menudo. Debería haber sido relevado de sus cargos hace tiempo, pero al contrario, cuando Adama deja el liderazgo de la nave temporalmente, se lo deja a él.

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Will Adama junto a la presidenta Laura Roslin.

Una de las pocas cosas que no encajan en la organización de la flota –si nos ponemos a hilar fino- es que, ya que todo es tan legal y burocrático, con tantas leyes de por medio y derechos humanos –como observamos en el juicio a Baltar-, ¿no resulta extraño que siempre veamos a los mismos, tanto en los juicios, como en la guerra, como en las tomas de decisiones políticas? El poder militar debería estar separadodel poder judicial y político, pero en la serie no ocurre así. La guinda de esto es el nombramiento de Lee Adama como presidente: aunque la ficción no lo muestra así, en el fondo sabemos que si no fuera el hijo del almirante, jamás hubiera alcanzado el puesto.

Un momento grande de la serie se produce cuando Leoben le dice a Kara que los cylons están enfrentados porque hay una sección que ha aceptado lo que realmente son, es decir, que son más humanos y, por tanto, más imperfectos y vulnerables de lo que creían, y otra facción que todavía temen a este hecho. De ahí el enfrentamiento entre los dos bandos.

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